¿PUEDEN LOS MENORES DECLARAR EN UN JUICIO DE DIVORCIO?

El menor tiene derecho a ser oído, en cualquier proceso de divorcio o separación o de medidas paterno filiares administrativo o judicial en el que esté directamente implicado y que le afecte.

Para que el menor comparezca se tendrá en cuenta su madurez, y se mirará de preservar su intimidad, creando espacios donde el menor se sienta cómodo, tal y como veremos más adelante.

Cuando el menor solicite ser oído directamente o por medio de una persona que lo represente, en caso de que el juez lo denegara, se tendría que motivar y se comunicará al Ministerio fiscal.

En el VI Encuentro entre Magistrados y Jueces de Familia se determinó que la necesidad de escuchar al menor se centraba sobretodo en los divorcios contenciosos sobre todo aquellos en los que se discuten medidas personales que afectan al régimen de custodia y visitas del menor con sus padres y no en los que se basan en temas económicos.

Es decir, la audiencia del menor puede realizarse a más a más de la exploración judicial llevada a cabo por los equipos técnicos de exploración (SATAV), pero sólo tendrá lugar en el supuesto de que el juez lo considere necesario.

¿A partir de qué edad puede declarar un menor en juicio de divorcio?

A partir de 12 años los menores podrán declarar en juicios, sólo si el menor no tiene esta edad, pero tiene juicio necesario, podrá ser también oído, esta cuestión la determinará el juez, en función de la necesidad del caso.

¿Cómo declararan los menores en el Juicio? 

  • En horario adaptado a sus actividades

La  intención es   interferir lo mínimo en la vida del niño, por lo que se planificará con tiempo, y se procurará que su comparecencia se haga en un día diferente a la del juicio, y así se evita que el menor sea un testigo directo del conflicto.

  • Con puntualidad.

Se intentará que se lleve a cabo con puntualidad para evitar que el niño se estrese.

  • En un lugar adecuado.

Se procurará no hacer la audiencia en la sala de vistas sino en alguna otra sala. 

  • No estarán presentes las partes (ni padres, ni abogados , ni procuradores) 
  • Duración.

No podrá ser superior a una hora

  • Sin toga.

El juez no llevará toga para evitar un formalismo excesivo y se sentará a su lado y no delante de él.

  • Inicio de la conversación.

El juez iniciará la conversación con algún tema que le resulte ameno al niño (fútbol, dibujos, colegio, etc.).

El juez deberá haber estudiado su cotidianidad y hacerle sentir importante pero que su declaración no es la pieza principal para evitar que el niño se sienta responsable.

  • Explicación al menor  cual es el motivo de la entrevista.

Expresar su opinión, preocupaciones y emociones. Se le explicará que la decisión final la toma el juez y no el menor y se evitará que se sienta culpable y que le está fallando a uno o a otro.

Al niño no se le mentirá en ningún momento e incluso sabrá que sus padres tendrán acceso a la información facilitada.

  • Planteamiento de las preguntas.

Se le plantearan las preguntas de forma abierta, clara y de una en una, pero sin ser un interrogatorio, y se tratara de evitar que el niño tenga dar una valoración sobre si es bueno malo con un lenguaje comprensible para él.

  • Final de la conversación.

De nuevo se utilizará un lenguaje neutro que libere de tensión al niño.

Aunque este procedimiento es el general, hay juzgados fuera de Barcelona que establecen que se haga dentro del Juzgado, con toga y ante el estrado, lo cual a mi entender  me parece un estrés innecesario para el niño. Nuestra experiencia nos demuestra que los niños tienen menos sensación de culpabilidad cuando el procedimiento es menos formal, y es que debemos ponernos en su situación y pensar que si ya  para los adultos supone un mal trago, imaginemos las consecuencias para  un menor, que incluso pueda llegar a pensar que la ruptura se produce por su culpa, si a  eso le añadimos un procedimiento de esas características , puede ser muy difícil para él o ella.

Es por eso que desde Vàlua Advocats sólo planteamos judicialmente la audiencia del menor en los casos estrictamente necesarios.

Es importante no interferir en la opinión de los menores y como adultos debemos evitar causarles daños irreparables que de mayores le  puedan causar inseguridades o trastornos emocionales al intentarlos manipular e intentar que aparezcan dos bandos claramente separados entre buenos y malos.

 

 

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